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2026

  • Foto del escritor: Robs
    Robs
  • hace 1 día
  • 6 Min. de lectura

La última vez que se publicó algo en este blog fue el 6 de abril. Este blog ha sabido resistir mi inconsistencia y pérdida de foco, dos variables que he sabido excusar con la mejor excusa de todas: la vida abatiéndome y la realidad de la adultez que, para mí ha sido, sobre todo, sentir que no tengo la suficiente energía. Después de casi 9 meses, vuelvo a darle luz con un texto que pretende decir adiós, decir bienvenido.


Nunca he hablado de falta de tiempo y, Dios me libre, decir alguna barbaridad como "ojalá los días tuvieran más horas" o "qué rabia tener que parar para dormir o comer". Me falta es energía, nada más. Dormir más, comer mejor. Por ello, he buscado un equilibrio sano entre no querer que la vida esté medida en términos de productividad, utilidad y plata, pero es que la verdad, también pienso que el discurso de la comodidad, pensar en horas de trabajo, jefes y salud mental como límites son muy ingenuas. Digo, es una sola vida, y no se sabe si habrá un 2026 que dure entero, siquiera un día, entonces, ¿para qué quiero sí o sí incluir tiempo de ocio, dispersación y pereza? En ese equilibrio hay algo interesante y dedicaré el 2026 a encontrarlo.


Mientras el futuro llega, presente y pasado.


Es la primera vez en mi vida que inicio el año con cosas confirmadas. Llevo 20 años iniciando el nuevo año con ilusiones y proyectos, pero sin claridades contundentes. Hoy me siento a escribir con la alegría de aquel que sabe que, mientras no pase la enfermedad o la muerte, algo sí va a suceder. La certeza, la real certeza, es hermosa. La mía es que cumpliré el sueño de ir a Brasil. Al hacerlo, solo pienso que una vez vuelva a mi ciudad, ya me podré dar por satisfecho con 2026. Que no importa si se complica o me causa malestar, ese solo hecho ya compensará todo. Será ingenuo creerlo, ya que puede que al final no sea así y no me logre conformar con cumplir uno de los sueños más grandes de mi vida; no importa, poder iniciar un año así, con este temple y confianza sobre lo que viene es el cierre perfecto de un 2025 que trajo más de lo que se llevó.


Sobre el 2025.


Leí hace unos días que tendemos como seres humanos a creer que todo empeora, que todo está mal; pero el hecho objetivo y real es que eso es mentira, y que año tras año la humanidad, el mundo, está cada vez en un mejor lugar. La lectura también decía con una sapiencia muy plana que obviamente el mundo es horrible, pero que no hace falta engañarse con que es peor de lo que realmente es para poder buscar mejorar las cosas. Un positivismo que empuja: que las cosas estén bien no implica que no podamos hacerlas mejor. Esa sola idea me dio mucha luz para lo que viene. Pararse en una orilla iluminada, ver con claridad, no centrarse en lo que está mal, sino entender lo que es real, y lo real es que nunca nada está tan mal, y que puedo hacer cosas a diario para que sean mejores.


El cerebro es un lugar tramposo y la percepción, tan empujada por el miedo y la ansiedad, es dañina. Por ejemplo, pienso en el trabajo que tuve durante 10 meses, uno del que me supe quejar abiertamente en constantes ocasiones y del que me quejé el doble en mis propios pensamientos, pero del que no tengo ni un solo mal concepto por emitir porque a pesar de sus peros, me dejaba ver gente y estar cerca de gente que he pasado dos meses extrañando. Que aunque tenga tan claro que nada me lo regalaron, y no hubo más que un intercambio de mi conocimiento y tiempo a cambio de un salario, agradezco haberlo tenido como un ingreso fijo que hoy me permite tener un sueño asegurado. Y que nunca estuvo tan mal, aunque siempre pudo estar bien y nunca lo estuvo.


Aunque no creo en esto por más que pasen cosas que simulen ser evidencia, pareciera ser que pensé tanto durante tantos meses en el tipo de trabajo que quería y las condiciones que quería que tuviera que, sin buscarlo, me tocó la puerta. Me hace pensar en lo arbitrario que es sentarse cada 31 de diciembre en esta espiral de la nostalgia que nos pone a interpretar si el año fue bueno o malo, como si no fuera más sano y bello pensar en analizar hacia atrás todos los años de vida que tenemos. El trabajo que hoy tengo, que es todo lo que siempre dije que quería que fuera (más allá del quehacer), llegó por haber hecho las cosas bien en la universidad, y haber conocido a alguien que después de años sin contacto alguno, me recomendó en un lugar y me empujó a abrir esa puerta. Tendría yo que decir que 2025 fue bueno entonces, pero que desde 2017 a 2023 también fue bueno. Entonces viajar en el tiempo y ver en donde se está respecto a donde se estaba, justo como en la noticia que leí, lleva a la conclusión de que todo mejora.


Pienso en una de esas frases pendejas que se vuelven posts pendejos, pero que igual son tan ciertos que su pendejez pasa a ser ignorada por lo demoledora que es la claridad de la frase: "te molesta no estar donde quieres estar, pero se te olvida que hace años estabas mucho más atrás". Veo entonces que lo que tanto parecía hace años que no importaba, de repente importó. Si esto es así, cada día vivido importa, así en el día a día y para fines prácticos y útiles algunos conocimientos no se usen. Esta es la respuesta que debían dar los profesores de matemáticas cuando se les preguntaba para qué había que saber factorizar (je).


Sobre el 2026

El párrafo anterior parece más tonto de lo que es, más infantil de lo que es. Generaliza mucho, pero no pienso aclarar que hablo de mí, porque realmente sí creo que eso que acabo de decir aplica para todos. Seré yo la persona más básica del mundo, pero todo este texto está movido hacia adelante por una película: Perfect Days. Y qué título buenísimo para un texto así.


En la película acompañamos a un hombre japonés que limpia baños. Tiene una rutina fija y estable que tiende a la monotonía, un par de gustos personales y una vida alejada de cualquier relación profunda de tipo interpersonal. El hombre, en una película que no romantiza ni exagera, vive feliz porque vive tranquilo. No pretende tener más de lo que necesita, sabe mirar el milagro de la vida, recibe estímulos que, en apariencia pequeños, para él tienen una carga simbólica tan alta que le hacen amar la vida. No ama su trabajo, pero ama lo que su trabajo le permite ver y hacer: descansar en un parque, verse involucrado en una situación patética de un compañero de trabajo más joven que él, recordar lo que es amar, reencontrarse con un ser querido, comprar sus casetes para escuchar música mientras maneja.


La simpleza y claridad de la película me cambió la vida. Pienso entonces que la forma importa más que el contenido, porque la película no dijo nada que no hubiéramos escuchado, pero pasó de una forma tan específica que a mí me impactó tanto como para recordarla un 31 de diciembre. Y gracias a ella, más gracias a lo vivido en 2025, y desde el 3 de junio de 1999 hasta hoy, con la claridad de cómo quiero vivir el nuevo año en tres posturas definidas:


  1. no estar determinado por mi trabajo ni mi profesión.

  2. la vida que tengo es una buena vida

  3. no exigirle a la vida que sea como yo digo, sino vivir la vida como si cada día fuera perfecto, entendiendo que cada día es perfecto mientras siga vivo.


A los lectores de plantación de letras:

Ya tengo mis propósitos de año nuevo. Para quienes leen esto, les interesa saber que uno de ellos es escribir de forma regular en este blog. Encontraré un ritmo: nuevo texto cada semana era muy pretensioso. No hay tanto por decir, ni tanto de qué hablar. Pero habrá un ritmo prudente que nos dé aire a todos: a mí para escribir, a ustedes para leer, a mí para promocionar, a ustedes para digerir. Nos vemos pronto.


Y si aparte de lectores son personas que quiero y me quieren, y entonces leyeron hasta acá, el otro propósito que les interesa saber es que quiero pasar más tiempo con ustedes y verlos más. Así será, este año sí.


Les deseo un 2026 perfecto.

Fotogramas de perfect days, una de las mejores películas de la década, el mood para entrar al año nuevo.
Perfect days (2023) - Fotogramas que reflejan lo que es la película, lo que puede ser nuestro año.







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